Honorable Representante, Alberto Tejada Echeverri.

Más de 300 mil familias colombianas, hoy enfrentan el riesgo de despojo de la producción ancestral de panela, de la que viven por más de un siglo.

El ingeniero González Ulloa, miembro de la Junta Directiva del Ingenio Riopaila Castilla, ha conseguido que en USA le patenten la producción de nuestra panela, sin que pueda demostrar que en su procesamiento hay innovación real, nuevos métodos de producción y mejoras definitivas, frente al producto final que se produce y que consumimos, desde la cuna, los compatriotas vivos, influenciados por nuestros tatarabuelos.

Mientras las comunidades de productores ancestrales de este tipo de alimentos y productos, no se organicen y «avispen», como si lo hacen otros, este tipo de riesgo estará presente en sus sitios de producción y en sus productos a la venta. Solo recordemos que en los últimos años, hemos asistido a dos intentos de manotazos parecidos: el queso campesino del Cauca, envuelto en hojas de plátano, y, la producción y comercialización del viche, licor ancestral del pacífico. Como bien lo expresa uno de los líderes paneleros, estamos frente a una nueva categoría de asalto a las economías campesinas y ancestrales: la Cognopiratería.

Derivación burda de lo que hacen las multinacionales, llevándose nuestra biodiversidad, para patentar sus propiedades y despojarnos así, de nuestra capacidad de uso y explotación para nuestro propio beneficio, sin tener que pagar regalías a terceros por manipular lo propio.

Además surge también la pregunta: ¿ Cuál es la razón para que un tercer país, en este caso USA, tenga la jurisdicción para imponer patentes a nuestra producción local, máxime teniendo en cuenta que no hay transformaciones radicales en el producto comercial que se patenta, pero sí, un zarpazo monumental, a un renglón muy sensible de nuestra economía?

Esto nos lleva a pedirle a las Altas Cortes, revisar el ordenamiento jurídico, puesto que algo va de competir en el mercado con productos y servicios, a, en cambio, aprovecharse del esfuerzo económico de miles de familias productoras y trabajadoras.

La patente debe dárseles a ellas, no a quienes en lugar de producir con riesgo, como cualquier capitalista, se dedica a encontrar cómo vivir de las rentas del capital no invertido, que a la postre lo enriquecerán sin fundamento económico y si encadenarán a su apetito rentístico a uno de los renglones de la economía y de la población más vulnerables.

¿Le pregunto a Asocaña, cuál es su posición frente a este golpe de mano? ¿Qué pueden esperar los paneleros de los Ingenios en este trance?

Por último, le recuerdo al Alto Gobierno, que estamos ante un hecho concreto, en un sector concreto, en territorios concretos y con familias de carne y hueso, que esperan la mano firme y oportuna, con decisiones de carácter jurídico y de política pública que, no solo los defiendan hoy, sino que prevengan desafueros con nuestra producción artesanal, ancestral y comunitaria, en el futuro.

Este no es el capitalismo, ni el postcapitalismo que estamos dispuestos a defender.

Tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario.

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