Se conmemoran más de cinco décadas de los agitados acontecimientos del 26 de febrero de 1971 en Cali.

Influenciado por los ideales enarbolados en Francia durante las revueltas estudiantiles del 68, las revoluciones de China y Cuba, así como por la creciente ola pacifista que promulgaba la contracultura hippie norteamericana, el movimiento estudiantil de la Universidad del Valle se volcó a las calles el 26 de febrero de 1971.

Pero este, aunque icónico, no fue el primer día de la contienda. Los estudiantes acumulaban semanas exigiendo a la rectoría del galeno Alfonso Ocampo Londoño, atender en pleno las exigencias que se arengaban desde las aulas. 

Iniciando febrero, estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas habían declarado cese de toda actividad académica, mostrándose en desacuerdo con varias decisiones Institucionales que consideraban abiertamente arbitrarias. Días más tarde, la suma universitaria había adoptado masivamente las dinámicas de la huelga. 

Para el miércoles 10 de febrero ya se habían presentado los primeros altercados con la Policía Nacional, la cual disolvió violentamente una marcha estudiantil que pretendía alcanzar la Plaza de Caycedo, en el centro de la ciudad. Dos días después de esta contienda, las puertas de Administración y Rectoría fueron sometidas a un férreo bloqueo. 

Pronto, el paro de Cali ganó respaldo al interior de las aulas de la Universidad del Cauca, Tecnológica de Pereira, Antioquia e Industrial Santander. Así, jóvenes de Univalle, la Universidad Santiago de Cali y bachilleres del Eustaquio Palacios, del Instituto Politécnico y del Santa Librada, se animaban a gritar su descontento, una vez más, desde la garganta de la calles.

Temprano, la mañana del 26, mientras estudiantes adelantaban una reunión en los alrededores del campus universitario, se conoció la inflamable noticia de la muerte de Edgar Mejía Vargas, ‘Jalisco’, al parecer, a manos del Ejército. Cuatro horas después de su asesinato, pasadas las dos de la tarde, el entonces gobernador del Valle Santiago Rengifo Salcedo decretaba un salvaje toque de queda. La juventud caleña había enardecido. 

Pronto se hermanaron los ánimos de miles de estudiantes universitarios en todo Colombia quienes exaltados, y arropados con la bandera de un naciente movimiento estudiantil, llegaron a decretar un paro unificado en 35 Universidades del país,  públicas y privadas. En el marco de estos acontecimientos, el gobierno nacional ya había conducido a la Nación a un Estado de Sitio.

Cumplidos 50 años de estos convulsos hechos, considerados parte del génesis del Movimiento Estudiantil Colombiano, el ‘Periódico Cultural – La Palabra’ adelantó el conversatorio virtual ‘El 71. Memorias de la rebelión estudiantil’, del que participaron dos reconocidos líderes del momento, Ricardo Sánchez Ángel y Marcelo Torres Benavidez.

Este último, histórico militante de la izquierda colombiana, miembro fundador del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario -MOIR, se refirió así sobre la influencia de la llamada ‘Masacre del 26’ en las efervescentes luchas estudiantiles que se despertaron en aquella época:

-”El 26 de febrero en Cali, fue la chispa que incendió la pradera. No solamente del movimiento universitario, también del movimiento juvenil, educativo y social en Colombia.

En ese momento, las Instituciones de Educación Superior en el país vivían la culminación de un proceso de crisis que se venía arrastrando desde la década de los años 60. Podemos sintetizar sus rasgos más sobresalientes en el despotismo de los claustros universitarios, la fuerte y muy visible incidencia norteamericana en las Universidades colombianas y el agudizado déficit presupuestal del sistema público universitario nacional.

Debe decirse entonces que las principales Universidades del país, la Universidad Nacional, la Universidad de Antioquia y La Universidad del Atlántico, estaban con la guardia alta. 

Días antes del estallido de Cali se había desarrollado el primer Encuentro Nacional Universitario, que se había encargado de recoger la situación que vivía el país. 

Debemos recordar que el gobierno de Pastrana Borrero decretó el Estado de Sitio luego de la sublevación y posterior matanza acontecida en Cali. Debemos recordar también que la respuesta de los Universitarios de Colombia fue general, masiva e incontenible. Tanto, que dio origen a lo que fue una verdadera ofensiva tumultuosa que no se pudo controlar, que rompió el Estado de Sitio.

Podemos decir entonces que el asunto se caracterizó por la imposibilidad que tuvo la represión desatada, para contener aquella gran avalancha que inundó las calles y las plazas; todos los espacios públicos en Colombia, convirtiendo así a las Universidades en verdaderos focos de una sublevación juvenil que no tenía antecedentes en los anales de la historia nacional, considerando su envergadura y claridad”.

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